sábado, 9 de mayo de 2009

No sé si me entiendes (Escrito por Lázaro y Campanilla)


-¿Hace cuanto tiempo que nos conocemos?- la pregunté.

Ella me miraba con cara de desconcierto, yo con cara de hambre.

-Pues, recuerdo… en aquel bar, cuando me pediste ayuda para sacar la moneda de la mesa de billar. Llevabas todavía la escayola…

-Sí, es verdad, acababa de romperme el brazo haciendo el subnormal con Cristian y tú llevabas ese ridículo sombrero morado que te quedaba tan bien. Pero no, no te pregunto eso. Te pregunto por el tiempo. ¿Cuánto tiempo hace? – se lo repetí mientras me llevaba el cigarro a la boca.

-Hmm… Si no recuerdo mal, eso fue hace 3 años, ¿no? Por Noviembre…- alargó su mano y con una caída de ojos me lo quitó de entre los labios.

-Bien, si, y de esos 3 años… -le di un trago a la cerveza- … de esos 3 años, ¿cuánto tiempo hemos pasado juntos?

-Jaja… ¿Qué coño te pasa? ¿A qué vienen estas preguntas?

-Vamos, piensa. Quiero saber qué ha sido tuyo y mío al mismo tiempo.

-Te está afectando el porro… Ya te dije que…

-Princesa- la corté- esto es importante para mí, ahora.

Entonces hubo uno de esos silencios que deberían de venir en el diccionario como una de las acepciones de cuchillo, me miraba fijamente como si quisiera atravesarme y mirar lo que había detrás de mi nuca.

Uno, dos, tres segundos…

-¿Valen también las noches que te quedas dormido babeando mis rodillas con la tele puesta?

-Tanto como tus magníficos ronquidos en el coche…- contesté.

Uno, dos, tres segundos…

-Vale, quieres que sume cada uno de los momentos que hemos estado juntos y te diga cuánto tiempo es eso.

-Sí.

-Joder, yo que sé, mucho tiempo. Mucho. No te entiendo, de verdad. A veces eres insoportable.

-Yo creo que mucho es igual que el parchís- Posé la cerveza en la mesa.

-¿Cómo?

-Sí, todos juegan de una manera diferente, llegas a casa de un colega y os ponéis a jugar al parchís unos cuantos, siempre hay alguno que hace algo raro, y dice: “es que en mi casa jugamos así”. A “mucho” le pasa lo mismo, en cada casa se entiende de una manera distinta, hay diferentes reglas. Tu “mucho” de tu equipo verde es un “poco” en mi equipo azul. ¿Me entiendes?

-No hay quién te entienda. Yo creo que hemos estado mucho tiempo juntos, si al principio te ponías nervioso cuando no sabías de mi en unas horas.

-Princesa, pasamos noches enteras sin más entre nosotros que el sonido de la piel rozándose, pero en todo éste tiempo nunca hemos hablado de nosotros.

-¿Qué no? No tenías que haberte fumado aquel porro… ¿te estás olvidando de aquellas discusiones alrededor de un cenicero que terminaba por rebosar?

-Hablábamos de nuestra relación, del qué somos, qué quieres que seamos, etc. Yo hablo de hablar de lo que sentimos, el uno por el otro, de eso no sabemos nada.

-Ya lo sabes, yo, te quiero- empezó a frotarse los muslos con la palma de las manos, lo hace cuando se pone nerviosa.

-El te quiero, también es como el parchís.

-No, mierda, el te quiero es igual en todas partes, en todos los países del mundo, en todas las bocas y en todas las carreteras.

-Te equivocas, baby, el te quiero en tu casa verde es un quiero estar contigo, te quiero a ti conmigo, no te vayas, necesito un rato más, traeme una cerveza, súbete los pantalones…

-¿Y se puede saber qué es en tu casa azul?

- En mi casa azul te quiero significa mucho más.
Significa un no puedo vivir sin ti,
Un el mundo pesa lo mismo que mi chaqueta de los Domingos
si estás a mi lado el Lunes.
Significa que desaparece el fantasma que habita entre mis huesos
y nacen bandadas de mariposas en mis calzoncillos.
Cuando digo que te quiero,
quiero decir que miro a esos ojos tuyos de tres colores
y un puño de acero me aprieta el corazón
y lo hace invencible.
Quiero decir que me olvido de la gente que me rodea,
de sus tonterías, de sus llegas tarde, de sus deberías.
Cuando digo que te quiero,
quiero decir que te quiero cuando me colocas el cuello de la camisa,
que te quiero cuando olvidas la fecha de mi cumpleaños,
cuando te empapizas con un tequila,
que te quiero cuando soplas el pelo que te cae por la cara,
cuando te pones de puntillas para quitarme una pelusa del pelo.
Si digo que te quiero,
digo que soy feliz aunque se caiga el cielo a pedazos,
digo un no me olvides,
digo que te quiero.
No sé si me entiendes.

1 comentario:

Ro dijo...

Yo, te entiendo...
Un saludo.