viernes, 4 de junio de 2010

Placebo

- ¿Se puede?
- Adelante
- Buenos días, Doctor.
- Buenos días Elena. ¿Qué tal se encuentra hoy?
- Pséee. Bien, supongo. ¿Ha visto usted el día que hace? Oiga, no se lo tome a mal, pero tiene pinta de no haberse detenido en un banco de un parque jamás, ni siquiera los domingos, en los que uno tiene de todo menos prisa. Y es una pena, debería hacerlo...
- Escúcheme (respira hondo). El tiempo, es muy valioso. Y corre más rápido que Carl Lewis dopado. Si le parece, nos centramos en el tema, ¿de acuerdo?
- (Silencio)
- Gracias. Bien, ¿puede contarme qué ha estado haciendo la última semana?
- Qué pregunta más difícil. (En ese momento, el doctor pone los ojos en blanco). Le diré por qué. Usted pensará que el orden en que le diga las cosas determinará su importancia. Pero no es así. La verdad, ya no sé diferenciar qué es lo importante, de lo necesario, de lo obligatorio. Creo que me estoy volviendo un poco loca, doctor. ¿No tendrá usted pastillas para no pensar?
- Claro, tenga (me da una pastilla-placebo que tiene una carita sonriente, parece de la película The Watchmen). Ahora por favor, céntrese en enumerarlas.
- (Saboreo la pastilla) ¿Se puede fumar aquí?
- No.
- Estoy intentando poner algo de orden en mi vida. He decidido marcarme una rutina, para no ser tan caótica. Así que cada mañana (...añado el filtro al cigarro que estoy prensando) me levanto, por favor, no me pregunte a qué hora, y ordeno mi habitación. Podría decirse, reordeno mis cajones, reubico las cosas de mi habitación, quito algunas fotos...
- Le he dicho que no puede fumar.
- ... es como si al mismo tiempo me estuviera ordenando por dentro, ¿sabe usted? A veces funciona. Entonces, cuando acabo, escribo un cuento, de unas tres, cuatro líneas, lo meto en un sobre blanco, sin nombre ni remite, y cada martes, a las 22.00, lo dejo en el buzón de mi vecina. Trato de sensibilizarla un poco, ¿sabe? aunque creo que no funciona. Cada miércoles me asomo al buzón y compruebo que se lo ha tragado. Lo que no sé es qué hará mi vecina con el sobre, quizás lo utilice para limpiarse el culo, o para escribir la lista de la compra...(enciendo el cigarro)
- Entiendo. (Mira impaciente el reloj de la pared y mordisquea el bolígrafo). Entiendo que, para usted, no significa nada que le haya dicho que no puede fumar. "Nota mental: No acepta una negativa, escucha lo que quiere"
-...el otro día me puse a seguir a un tío que lloraba en el autobús. Le seguí hasta su casa, y cuando iba a entrar, le hablé. Nos fumamos un cigarro, y me marché. No le volveré a ver nunca más. Esta mañana he estado mirando billetes a Berlín. Ya sabe, a veces hay ofertas baratas, muy asequibles. Me tomaría un café Macchiato en Rosenthaler Strasse, sé exactamente cómo llegar a ése sitio, de memoria. Y volvería por la noche. También estoy haciendo una ginkana en la ciudad. A veces, un extraño me deja pistas: la última vez tuve que trepar un árbol (le enseño la rozadura de mi antebrazo) Se suponía que había algo arriba del muro. Caí y volví a subir. Al final resultó que ese algo estaba en un lugar mucho más accesible.
- Me está diciendo, que es capaz de romperse una pierna siguiendo las indicaciones de un desconocido, sin siquiera saber qué le esperaba arriba del muro.
- Eso es.
- (Silencio)
- Después me puse a seguir a otro tío, pensando que era ése desconocido. Pero le perdí entre la gente.Había una manifestación preciosa de trabajadores en Sol.
- "Nota: Se dedica a seguir gratuitamente a gente. Corregir problema"
- Oiga, a veces está bien hacer cosas que no tienen su razón. No estará usted escribiendo que estoy loca, ¿verdad?
- No, tranquila. Continúe. (Tacha la nota anterior y añade: "Medicación. Niega el problema")
- Caminé cinco kilómetros hasta mi casa. Y la vista fue espectacular. Desde Lavapiés hasta Plaza de España, me enamoré de la gente. Locamente. Del tío que tocaba el arpa en el Palacio Real. De los que se asomaban a las vistas. De las parejas del césped. De los niños. Tenemos mucha suerte, ¿sabe?
- ¿Suerte? La semana pasada me dijo que la sociedad estaba pudriéndose.
- Y lo está. Sin embargo, ese paseo me dio esperanza. Vamos a ver, cuando nuestras necesidades básicas están cubiertas, cuando no son una preocupación, es un lujo que tengamos tiempo para contemplar, pensar y actuar.
- Hace un momento me ha pedido una pastilla para no pensar.
- Sí, de hecho, ¿puede darme otra? No es para mí, es para un amigo..
- Por lo que me cuenta, parece que a usted le sobra mucho tiempo. Entonces, deduzco que sus necesidades básicas están cubiertas.
- No, no lo están.
- Entonces, ¿no cree usted que debería ocupar su tiempo en algo realmente útil?
- (Silencio. Me muevo incómoda en la silla)
- Bien. Habléme sobre su padre.
- Mi padre, ¿qué tiene que ver en ésto?
- Todavía no lo sabemos. Puede que algo, o puede que nada. De todas formas llevamos una hora dando rodeos. Vale la pena intentarlo.
- Mi padre (noto cómo me empieza a temblar la voz) es la persona más sacrificada que conozco.
- ¿Qué cree que pensaría de usted su padre, si supiera todo lo que me ha contado en los últimos 5 años de terapia que llevamos?
- Que fallé.
- ¿Tiene usted miedo al fracaso?
- Sí. ¿Oiga, quién no? Qué pasa, ¿que somos superhombres?
- No lo somos, y todo el mundo fracasa, alguna vez. Lo que realmente importa, es la decisión que tomamos después del fracaso. ¿Está usted a tiempo de levantarse?
- Deme otra pastilla, por favor.
- No. Ahora es cuando debe usted pensar y actuar. Ahora más que nunca. Y grábeselo a fuego, haga el favor. Créaselo. Vaya, no nos queda más tiempo. ¿Hasta la semana que viene?
- Quién sabe.
- Una última cosa.
- ¿Sí?
- Me debe los últimos siete mes.

1 comentario:

tristana dijo...

NENA! me entrego a ti en cuerpo y alma, te doy todo lo que me pidas, todo lo que quieras hacer...eres una artista, una comunicadora nata y me flipa lo que leo...vaya maravilla pichón! en serio....