jueves, 18 de septiembre de 2008

Un cigarro se consume en el cenicero. El tiempo pasa en una habitación llena de humo. Tras el cristal, la imagen borrosa de alguien que entrecruza los pies. La mirada perdida en el espejo de la pared. El suave tic-tac del silencio. Respira otra vez. Esta vez más fuerte. Por un instante todo es extraño. Algo no fluye, algo no basta. En su cabeza los pensamientos se tambalean. Luz artificial en un rincón. La vida se encoge en esas cuatro paredes.

7 comentarios:

Juan Duque Oliva dijo...

En Estocolmo nos metían en una caja de plástico transparente pintada como si fuera una basura.

"El paraíso"

Besos

Juan Duque Oliva dijo...

Para fumar que no lo he dicho

Luchida dijo...

Me han gustado mucho tus escritos. Seguiré pasándome por aquí :D

Anónimo dijo...

Un texto que huele a cine negro.
Me gustó mucho.
Besos.

My dijo...

cuando se consume un cigarro de esa manera.. se consume la vida y el tiempo nos devora.

a veces las paredes se nos caen encima y son como jaulas que nos aprisionan.
desde fuera debe parecer extraño.. basta con abrir la puerta y salir.. verdad?
para poder respirar aire puro..

te echaba de menos campanilla.

ven a verme algún dia.

un besico guapa.

Anónimo dijo...

Vine a ver si tenías novedades y ya pues aprovecho para saludarte. Vi La Huella y coincido con tu opinión, es un peliculón. Besos.

Anónimo dijo...

¡¡¡¡Los AC/DC vuelven!!!!!
Están a punto de sacar nuevo disco.
¿Irás a verlos si hay gira? Yo tengo que estar sea donde sea. Je, je, je.
Un beso muy grande.