lunes, 9 de marzo de 2009

Cuando la razón es golpeada por mil portazos, cuando tus palabras
–si, esas que no admites- atraviesan mi estómago y me derrumban, cuando desde el pecho siento el agujero que me aspira hacia la nada, la inconsciencia del lugar en que dejarme caer.
No es justo.
Pero tú sabías que yo estaba dispuesta a correr ese riesgo.
Que me lo jugaría, todo, por ti, que soportaría cualquier carga que tú me pidieras,
y ahora, cuando es demasiado tarde, tengo que recordarte todo aquello que niegas.
Me niegas a mí
mi nombre
mi presencia,
mi existencia en este instante.
Tu, y tu capacidad de no acertar nunca lo que llevo dentro.
O de disimularlo tanto.
Al menos déjame decirte, en vano, que el problema, el verdadero y constante problema, es tu voz en calles desiertas.

3 comentarios:

My dijo...

vive por y para ti princesa.
el resto nunca lo agradece nadie.

te abrazo.

yo soy dijo...

Hay veces que creemos que el amor es deboción, es cuidar a la otra persona, vivir por ella, respirar por ella..., y en realidad, el amor es de dos, es estar tú bien para que al otra persona tenga ganas de tí, cuidarnos menos es entorpecer el camino a amar. Porque amar es sentir, y si tu te conviertes en piedra, nada tiene sentido.

:)

Noviembre dijo...

Vaya, ese final no me lo esperaba. Boquiabierta me dejas, amiga!

Un abrazo!