lunes, 13 de julio de 2009

domingo, 12 de julio de 2009

domingo, 28 de junio de 2009

Lástima de nosotros,
que amamos como no debimos
y dolió como debía.
Sabes a veces
llueve en mis uñas
y cuando me pica dentro,
me araño y me pregunto
si te has marchado ya
o si estás
inmóvil todavía
clavándote en mis pupilas,
llenas de lugares
huérfanos de tí.

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miércoles, 24 de junio de 2009

Lágrimas Negras

Porque los tiempos no se hagan viejos
brindemos
con el Lambrusco de los martes,
con el Rioja que sacas a escondidas
y nadie más echará de menos en el armario.

Y hablemos de poesía
una pieza de mundo
en tus palabras en tus ojos
tan real como tú misma.

Hablemos de lo que no se ve
pero se siente y se toca,
mira
qué bonita está la plaza
hay niños
juegan y dan vueltas

hacía tiempo que no me sentía
tan en la Tierra, como ahora.

Hablemos de las pequeñas cosas
que nos hacen
reír
y llorar a veces
y nadie más conoce.

Brindemos porque
la música
te nombra en cualquier calle:
Calamaro, Sabina,
y porque las letras
también hablan de ti:
Galeano, Cortázar.

Brindemos por lo que nos queda,
porque bailas,
caminas y bailas
y el mundo deja de girar
para verte hacerlo.


martes, 16 de junio de 2009



Éste tío era un genio.
Decía, que no quería saber de evil,
que sólo quería saber de love,
que a veces es difícil escuchar,
usar los ojos,

que todo alrededor del oro brilla,
haciéndole sentir pequeño.

Decía que
no quería saber de evil,
que sólo quería saber de love,

mientras esperaba que los aviones cayeran
que los pueblos se destruyeran
que las ciudades se desmoronaran,
que el mar volviera a crecer.

Decía, que a veces es difícil escuchar,
usar los ojos,
porque todo alrededor del oro brilla, tanto
que nos mantiene hipnotizados.

lunes, 15 de junio de 2009

Tengo ochenta y cinco años de instantes.
Me gustaría decir que los he vivido todos.
Pero no es así.
En total, sumaré unos veinte años.
Creo que tú estás en todos.
Y me parecen pocos, ahora.
Cómo duele, que tarde, sea ahora.

Si mañana sigo aquí, te diré algo más.
Quizás te mienta y tú,
pienses en la verdad
que yo no supe contarte.
Pero sólo quizás.

Te pido una última cosa.
Si me das un beso antes de irte
que sea uno de verdad,
que sume instantes,
que me siento vieja
con veinte años.

sábado, 13 de junio de 2009

A Man with a Movie Camera II




(...) El Mago de Montreuil fue al encuentro de Antoine Lumiére con la pretensión de adquirir uno de aquellos prodigiosos aparatos, avanzando una oferta de 10.000 francos. Pero ni Meliès, ni el director del Museo Grèvin, que ofreció 20.000, ni el del Folies Bergère, que llegó a los 50.000, consiguieron su propósito. (...) Antoine Lumière, concretó así su respuesta, que se ha hecho célebre: "Amigo mío, deme usted las gracias. El aparato no está en venta, afortunadamente para usted, pues le llevaría a la ruina. Podrá ser explotado durante algún tiempo como curiosidad científica, pero fuera de esto, no tiene ningún porvenir comercial"

Román Gubern,
Historia del Cine
pág. 35

Y así de simple.
Una foto detrás de otra.
Y hasta ahora, desde hace
más de un centenar de años.

(Cortesía de Dziga Vertov -1929- y Cinematic Orchestra).

Felicítate



Felicítate, porque has sobrevivido a las últimas veinticuatro horas.
Has llegado a casa, cansado y hasta los cojones del jefe, de tu suegra/o, del calor que hace en el metro, de los atascos, de las prisas, de que tu pareja se haya olvidado por enésima vez de tu cumpleaños, de que la gente cada día sea menos solidaria, de que ya ni tiempo tienes de saber qué es un sofá y el silencio, ni recuerdas la última vez que estuviste al cien por cien con tus hijos, que están cada vez más ausentes y empiezan a preguntarse por el mundo, pero tú no tienes ni puta idea porque nunca estás en casa.
El mundo, es una mierda del tamaño del mundo, ya lo dijo Lázaro.
Pero tú, ella y él, habéis sobrevivido. Y éso es lo importante. Porque sino, ya me dirás qué sentido tiene el día a día, sin él, sin ella, sin nosotros.
Siempre serás libre de echar a correr, de cantar una canción en un vagón muerto de tristeza, podrás romper el silencio de la rutina, con alguna pregunta que nadie espere: Hola, ¿qué tal el día?, podrás hacerlo porque, en realidad, eres capaz de cualquier cosa.
Pero no conviene echar a correr, ni mirar arriba o a los lados, ni preguntarle ni preguntarte.
Qué mas da. De todas formas tampoco hay tiempo para ello. Hay... otras cosas.
Mentiras. Falsa solidaridad. Demagogia en la televisión. Manipulación. Sobreinformación. Desinformación. Contrainformación. Caos.
Caos dentro de tu cabeza, siempre dentro, porque lo quieras o no, eres demasiado correcto para expresarlo.

Pero es que hoy, me ha dado por pensar, a mí.
Y resulta que hay algo que me preocupa...
y es que no nos miremos...

Somos, como autómatas: sal del metro, dirígete correctamente hacia la puerta, sin correr pero tampoco despacio, velocidad normal, la socialmente aceptada. Compra el pan y pon tu correcta sonrisa mientras te dan el cambio. Luego, vuelve a casa del trabajo, descálzate, túmbate en la cama, aflójate el cuello de la camisa.
Piensa cómo has pasado correctamente tus últimas veinticuatro horas.
Felicítate.

Bueno, no todo es tan negativo. Aún podemos disfrutar de un buen concierto de blues en la calle Arenal, de un truco de magia de la calle Preciados, o de, qué sé yo, lo que quiera que te demuestre que, al menos, todavía circula algo por debajo de la piel.

jueves, 11 de junio de 2009

Paper Tiger

En un papel pequeñísimo empecé a contar

aceras,
zapatos rotos
manos atadas a bolsillos
bocas intoxicadas de cerveza,
lenguas dormidas de silencios.

Conté todas las miradas
que ya no me atraviesan.

El problema es que ésta ciudad
tiene demasiados rincones
sin su sombra tumbada,
dijo un gato muerto.

Podría, describirte
los lugares donde no estamos ahora,
o la forma exacta
en que me escuecen las manos
cuando buscan
nada
bajo las sábanas.

Podría contarte
todas las verdades
que me golpearon
de camino a casa

pero las olvidé.