martes, 17 de junio de 2008

el otro lado

- Anoche soñé que te caías de mis manos y te rompías
- ¿En serio?
- Quería sujetarte entre mis dedos…
- Bueno, aquí estoy, entero, puedes verme cada día
- Si, pero yo a veces no quiero mirarte…
- ¿Por qué?
- No quiero saber la verdad…
- Bueno, ya sabes que no puedo engañarte…
- Quiero hacerlo sin miedo
- Eso depende de ti.
- Últimamente no nos vemos mucho…
- Lo sé. Pero yo estaré siempre aquí.
Aunque tú no me veas…




Foto: Chema Madoz

lunes, 16 de junio de 2008

Cosas que nunca te dije


He pensado muchas veces en las palabras que nunca te dije

Mientras corro bajo la lluvia pienso en los minutos eternos, de antes,
ahora fugaces…
Quisiera hablarte sobre cómo me siento ahora,

Mírame,
empapada mientras saboreo las gotas
que no son lágrimas
y escapan de mis párpados …
Quisiera hablarte de los silencios que no hieren,
de las palabras que no atan.
Decirte que he vuelto a disfrutar la música,
saqué mi guitarra, soplé el polvo.
Decirte que estoy entera
que mi corazón vibra,
y se confunde entre la gente…
Quisiera que supieras que he vuelto a sonreír
sin motivo
que me baña el cielo y sólo se me ocurre gritar
de emoción,
sintiéndome viva,
aún más…
Observo cabezas que huyen protegiéndose bajo paraguas,
miradas que nunca conoceré.
Pienso en las palabras que ya no tienen sentido para mí…
Cuento los segundos y me detengo en el instante
alguien grita un nombre,
me cruzo con unos ojos que no me buscan,
y sin embargo, me hablan.
Se funden con el reflejo de sus pupilas,
con los ojos buscados.
Un abrazo.
Les observo,
parecen formar parte de un cristal transparente,
con sonrisas a ambos lados.
Continúo caminando,
mientras mis sentidos captan
la humedad del aire,
la prisa en las calles,
los charcos,
paraguas y más paraguas,
y un cielo color crema
está alterando la vida.
Un autobús atestado,
manos en el cristal,
el calor de los cuerpos,
y el viento.
Respiro. Aire, por fin…


Solo quería hablarte de eso,
del aire


domingo, 15 de junio de 2008

Un mundo para los verdes

No me gusta el color rojo
-dice un entusiasta de la ecología
sentado en su fiat 126
junto al semáforo rojo de la Avenida de Jerusalén-
es el color de la prohibición:
para no te muevas

cuando veas una mancha roja en la acera
pasa de largo
si pisas la sangre
tus zapatos serán una prueba: serás cómplice

qué distinto es el color verde
el color de la permisión
el color de los prados
de los espacios abiertos:
respira
adelante
vuela

nuestro futuro será verde
sólo los que están verdes
no piensan en el miedo
sobre sus cabezas verdes se ponen caperuzas rojas
y ya no temen a los lobos


Ryszard Kapuściński
Poesía completa

Ryszard Kapuściński





***
Primero:
Tienes que enfrentarte
a lo que te rodea
tienes que estar aquí
pero
de otra manera
tienes que estudiar qué es lo propio
y que sea
no soberbia sino fuerza

Segundo:
Tienes que y tienes que
como el silbido del látigo


Descubrimiento

Tu corazón es destrozado por el dolor:
empiezas a sentir el corazón

tus ojos de repente dejan de ver:
empiezas a sentir los ojos

tu memoria se hunde en la oscuridad:
empiezas a sentir la memoria

te descubres a ti mismo
negándote a ti mismo
existes
negando la existencia


El escultor de Ashanti

En el tronco de un árbol de teca
busca un par de ojos

talla con el escoplo quita la primera capa
no descubre nada
ahonda

se va impacientando
mira pero
no ve nada bajo el párpado de la madera
que retira no encuentra pupila

se acerca a la médula

tropieza con un par de ojos
mira aterrorizado


miércoles, 11 de junio de 2008

Raro

¿Y qué pasará cuando nos quitemos la ropa, y desnudos,
nos quedemos el uno frente al otro?
¿qué nos diríamos entonces?
No sé escribir susurros, ni la respiración…
Me basta un silencio

Quizá el viento de la calle, o las horas,
puedan hablar por nosotros…
Me basta tu presencia
sin cuerpo, sin nombre.
Pienso en la situación inexistente,
no lo puedo evitar...

No hay tristeza, solo ganas de llorar
Quizá esa sea la respuesta,
Que no hay respuesta
Que no hay cuerpo
Que no hay nada.

No sé escribir la desesperación de otra manera

lunes, 9 de junio de 2008

Quien quiera que seas


Ella entra en la cafetería.
Clava su mirada detrás de la barra. Sonríe.

- Buenos días. ¿Un café con leche?

Se sitúa en la mesa de siempre,
mientras el sabor de la cafeína se adueña de su boca,
y los golpes de su estómago.
Sola, se siente bien.
Sus pensamientos dibujados
vibran
en los tímpanos,
y el pulso se acelera.

Clava su mirada.
Sonríe,
como cada mañana,

en silencio.





.......

Estaba pensando
no es que desaparecieras,
es que,
simplemente,

nunca estuviste ahí.

El Hombre de pelo gris


Tengo en mi memoria momentos que almacené hace muchos años…

Recuerdo el contacto con el frío suelo, gris, donde mi pequeño cuerpo se acurrucaba dejando volar los sueños. Siempre encontraba la misma posición, acompañada de esa almohada y empuñando la suave etiqueta, que mordí hasta desgastar.
Puedo recordar sus manos, enormes, arropando las mías. Pero sobretodo recuerdo que siempre desprendían calor.
Todas las noches encontraban un lugar en mi cabecita, descansaban hundidas en mi pelo hasta que me quedaba dormida. Después, el olor del cabello gris, cuando se despedía. Recuerdo las canciones nocturnas (ella era más de contar historias) escuchando la suave melodía desde mi almohada, absorbiendo todos los sonidos que escapaban de las cuerdas de la guitarra. Recuerdo el silencio de sus párpados cada vez que se sentaba en mi cama y tocaba una canción, preguntarle, hablarle, y comprender su mundo. Apreciarlo. Entonces dejaba de tocar, me escuchaba y se quedaba conmigo el tiempo necesario. Con los años dejó de entrar sin avisar, y con una tímida caricia llamaba a la puerta, inventándose cualquier excusa sólo para quedarse unos minutos conmigo y hablar, saber que estaba bien.
Recuerdo la etapa en que desaparecía la mayor parte de la semana por trabajo, trabajo y más trabajo. Gracias a ella – o, más bien, a pesar de ella- hoy tenemos muchas cosas que quizá en otro tiempo no valoramos.
Recuerdo enfadarme con él porque fumaba, y años más tarde encontrármelo escondido en algún lugar de la casa, robándole el último aliento del día a un cigarrillo. Reírme con él y encender mi cigarro con el suyo. Esas eran noches de complicidad.
Y el calor de su mano siempre te sorprendía en los momentos más crudos, protegiéndote del frío, de la tristeza, de las palabras.
Él siempre buscó el último minuto del día para estar con nosotros, aunque su cuerpo le rogara a cada paso irse a la cama a descansar.
Siempre tenía una sonrisa aunque nadie imaginaba dónde estaba su cabeza.
Creo que nunca le vi llorar.

A mi padre,



domingo, 8 de junio de 2008

Música


No sabía mucho de aquellas personas. Era de noche, y alrededor de mi se enredaban manos ajenas, los cuerpos se abrían paso a empujones. De pronto sentí la caricia extraviada de algún desconocido. Miré en todas las direcciones y ví la emoción en las caras. Esa sensación se adueñaba de nuestras mentes a medida que pasaba en tiempo. Mirarnos era suficiente para comprender que sentíamos lo mismo.
Cada vez brotaban más abrazos, aquella música tenía poder…
La gente aprendió de ella,
superó,
sufrió,
amó con ella.

Aquella noche crecieron ríos. Yo los vi.
Estaban en nuestros ojos.

En ese instante,
una gota resbaló por mi cara
y comprendí por qué eran quienes eran.



Concierto 2008

martes, 3 de junio de 2008

Lavapiés


Aguardiente
un tablón pintado en algún bar de Lavapiés.
Cuándo no importa.
No estoy sola,
me acompaña el recuerdo,
sentado a mi derecha
me abraza.
En frente de mi unos labios manchados de vino
ríen y cuentan historias.

Aguardiente
y un cigarro entre mis dedos
humo exhalado de mi garganta
convertido en aire, y después en
nada.
Busco miradas que se detengan,
que me regalen un instante.
Qué absurdo.

Mi cuerpo,
en algún lugar de Madrid
que ya no me resulta familiar.
Miro mis manos de anciana,
y pienso
tal vez esperé demasiado.
Hoy nada importa.

Ahora, grita.